jueves, 17 de junio de 2010

Camilo y Mariana

Camilo había nacido una mañana de un 21 de enero afuera de un hospital de Florianópolis en el segundo exacto en que un vago cantaba sentado en el piso afuera del hospital una canción de Bob Marley con una sonrisa mientras el sol le llegaba a su rostro. Camilo nació con un don: El don de cantar, había inventado mas de 234 canciones en su vida, algunas cintas estaban para escucharse, otras se habían perdido, algunas las guardaba en su cabeza, otras pasaban al olvido y solo este escritor sabe que son 234 canciones.

Caminando por la avenida paulista cantando en un perfecto ingles camilo cantaba su canción numero 235: Cantaba sobre que ya todo era perfecto, que los pájaros volaban sin preocuparse por nada más, solo y nada mas que por eso. La canción volaba por el aire mientras este jovén caminaba pleno, a paso lento, por la calle paulista recibiendo el sol con su cara. Un mimo que hacía su show en plena paulista para la gente que pasaba, se queda un momento en silencio, como siempre, como le era cómodo, como se sentía plena, se gira para ver a camilo y su canción.

El mimo: Era una mujer llamada Mariana nacida un 22 de julio en el segundo exacto en que a 40 metros de dicha habitación de la clínica paulista, en el edificio de al frente una mujer levantaba su dedo y lo posaba sobre su boca para mostrarle a su enamorado que en silencio podían disfrutar mas de sus cuerpos, en el mismo segundo en que la sonrisa de dicho enamorado marco el futuro de esta persona, también marco el de Mariana.

Mariana quedo extrañada, con tanta suciedad en el mundo, con tantos colores grises en todos lados, como había alguien caminaba cantando semejante canción. Paro su show, se agacho a recoger su bolso que tenía exactamente 7 reales y 25 centavos, los guardo en su bolsillo y comenzó a seguir a camilo. El joven seguía cantando y movía sus brazos en el aire mientras la gente a su lado pasaba mirándolo. El coro cantaba que ya todo estaba dicho, que había que simplemente detenerse a mirar, que el soltaba su canción al viento para quien la escuchara, que quien quisiese un abrazo el estaba ahí para dárselo.

Mariana siguió a este joven por muchas cuadras, escuchando su canción número 236 y número 237, Camilo a través del espejo retrovisor de la motocicleta de un policía que estaba detenida en la acera sin razón que el pudiese imaginar o explicar, vio que aproximadamente a 5 metros de el había un mimo caminando. Camilo se dio vuelta inmediatamente, Mariana nerviosa, hace como que mira hacia otro lado, Camilo le sonríe, Mariana lo mira, se da cuenta que Camilo la esta mirando, lo encuentra lindo, lo deja de mirar de nuevo, sigue caminando como si nada pasara, Camilo la observa, se corre unos pasos y se pone frente a Mariana. Mariana lo mira en silencio, Camilo la saluda, ella le sonríe, le hace un gesto: Abre su boca y con su mano derecha comienza a mover sus dedos hacia el aire convirtiendo junto a la ayuda de su mano izquierda el símbolo de una gaviota volando. Camilo sonríe: Le dice que ha quedado impresionado. Mariana sonríe. ¿Puedo abrazarte? Le pregunta camilo. Mariana asiente con la cabeza.

Se quedan abrazados, ella siente algo lindo, pero no puede decirlo, no con palabras, Camilo tampoco la podría escuchar, ya que ella es muda y el es sordo. No tendrían que pasar más de dos gaviotas volando por su lado en 33 segundos para que lo notaran.

Camilo comienza a hablarle en señas de sordo mudos, ella le contesta que no le gusta este lenguaje, camilo pregunta porque, ella contesta que porque no es un lenguaje propio, que le gustaría darle su propio toque a lo que habla, como sus canciones le comenta, el le responde que su propio toque ya lo tiene que cualquiera que se detenga a mirarla a sus ojos lo notaría. Ella le sonríe, por un momento, por un pequeño momento Mariana pensó que había encontrado al hombre que tanto había buscado.

Camilo le pregunta que si ella quiere escuchar su canción numero 238, ella en verdad quiere conocerlo y caminar con el, mas no escuchar de nuevo otra canción, pero le dice que si.

Al rato de caminar Camilo ya había cantado la canción numero 241 tomando la cintura de ella, quien no sabía si realmente esto iba a funcionar, mas ella no pedía nada del otro mundo, su sueño era encontrar por fin un hombre que supiese escuchar, que como descubriría Camilo no tiene nada que ver con oír.

Llegan hasta muy cerca de donde Mariana vive, cerca del metro Paraíso, Camilo le comenta que cree que no es casualidad que estén en ese lugar en ese segundo, ella sonríe, la verdad es que ella esta un poco cansada de escuchar cantar a Camilo, cuando Camilo iba a comenzar a cantar su canción numero 243, de que el paraíso y el infierno están acá, de que cada uno elige donde vivir y que para el… Ella le pide que se calle…

El no lo entiende: ¿Cómo a alguien le va a molestar que otro hable? Que lastima se dijo para si mismo.

Mariana con señas le dice que prefiere entrar, Camilo le comenta que pensaba que eran el uno para el otro, Mariana con lastima mira al piso, ella también lo pensaba, pero solo una pequeña caminata por paulista le había bastado para querer volver a su espacio de silencio, donde se sentía libre, donde las palabras sobraban. Un placer conocerte le comenta a Camilo, el placer es mío le dice Camilo con tristeza, quien en ese segundo nada quería mas en el mundo que poder besar a Mariana. Pero este narrador sabe que dicho beso era una costumbre que Camilo tenía de besar luego de cantar, dicho beso no habría sido real, pero Camilo no lo sabía y con mucha tristeza se devolvió caminando esa noche por paulista mirando las cosas a su alrededor sin encontrar respuesta de porque tan linda chica no lo había querido besar.

Este narrador tiene profunda pena sobre como a este cantante le sobran las palabras como para detenerse y encontrar la mariposa del silencio.

Mariana vuelve a su espacio, habla con sus amigas un pequeño rato, ve una película que le roba una lágrima con un te de limón, caliente, se acuesta pensando en el siguiente día. ¿Cómo será? Se pregunta si por fin conocerá al hombre que la escuche.

Al día siguiente se despierta, se acuerda solo un segundo de la canción numero 238 de camilo, mientras se servía un te de limón, sonríe, pero no volvería a acordarse de nuevo de el durante el día. Se pone su ropa de mimo y con su maleta de mimo sale a la calle a hacer su trabajo, a mostrarles a las personas que el silencio puede decir cosas.

Camilo esta detenido frente a un pedazo de tierra pensando que un trozo de piso, puede ocuparse de cualquier manera y que alienados caminamos por el sin detenernos. Se pone a meditar en posición de medio loto, en medio de las personas que pasan apuradas, algunas mirándolo, otras ignorándolo. Sao paulo es loco, siempre puedes esperar algo raro de otro y Camilo no era mas que un ejemplo de aquello para ellos.

Camilo de nuevo pleno, contento por lo que había hecho, orgulloso caminaba de nuevo por la avenida paulista.

A este narrador le da profunda pena que este cantante, pase mas tiempo en su propio camino que entrando en el de otros, a este narrador le da profunda pena que este cantante no entienda la magia que traen consigo otros humanos. Así que este narrador construyo la ciudad de tal forma para que Camilo pudiese ver de nuevo a Mariana para que este chica con sus delicadas manos le explicara la magia del silencio.

Y fue ahí cuando camilo caminaba sintiéndose pleno, sintiendo que tenía que partir, que el viaje siempre debe continuar, cuando le puse un letrero frente a sus ojos que decía: V. Mariana y una flecha. El como siempre me pregunto: ¿Para que? Entonces le puse otro, y otro y otro. Camilo debió postergar su viaje a machu pichu, porque dicho día se iba a dar cuenta de algo tremendo. Me hizo caso y comenzó a seguir las flechas. No había mas que seguirlas para llegar hasta la puerta de la casa de Mariana, el subió, ella le abrió, ella estaba construyendo su nuevo traje con una maquina de coser que Ignacio no escuchaba. Se sonríen, Mariana todavía piensa que el no sabe escuchar, que es muy distinto a oír.

Ella lo mira, lo ve con tantas ganas de aprender que le dice: Que pena que no puedas escuchar, que no me puedas ver, hablas todo el día de tus viajes, de lo que sientes cuando viajas mirando al cielo, estas tan ocupado hablando de ti mismo que no puedes mirarme, que no puedes verme y por eso mismo no tocarme.

Camilo en su silla se derritió como lo haría Amelie. ¿Cuanto tiempo? ¿Cuantas veces habría hecho eso? ¿Cuantas veces quizás se lo habían dicho? Pero tenía que ver esas manos, este narrador así quería que fuese, solo esas manos blancas harían que en ese segundo Camilo hubiese tenido ganas de haber pasado por la vida de mucha gente tocándola de verdad y no que esa gente haya sido solo una espectadora de sus canciones.

Camilo quiso llorar, ella le tomo su mano, el dijo gracias, ella le hizo una seña de que todo estaba bien. Camilo estaba desnudo, frente a este mimo que en realidad esperaba quizás a otro mimo, Camilo no sabía jugar el juego que Mariana soñaba jugar.

Camilo ya no tenía ganas de besarla, estaba pensando, con mucha pena ahora intentaba escuchar la maquina de cocer que ponía el último botón del traje blanco y negro. Ya no diría que pensaba que con color podría quedar mejor así que en silencio se quedo mirando la maquina de cocer mientras Mariana ya estaba haciendo otras cosas, mientras Mariana se ponía pijama. Mariana entro al living, soltó un bostezo, me quiero acostar le comento, Camilo asintió con la cabeza, gracias le comento, sin vanidad, con humildad. Esta todo bien le comento Mariana, Camilo aturdido después de dar un abrazo muy distinto al primero que se dieron, muy distinto al que se dieron pensando que eran el uno para el otro y muy parecido a muchos que Mariana y Camilo habían dado en sus vidas.

Salio a la calle pensando en que cada vez que estaba cantando podría haber estado escuchando, que podría haber cantado quizás menos canciones pero haber escuchado mas otras, pero quizás no tenía sentido pensar en eso, el era sordo, ni siquiera podría escuchar a otros músicos. Pero Camilo no sabía lo que este narrador le tenía preparado.

Llego a su casa, miraba el techo, seguía pensando en Mariana, le escribió una carta comentándole que lo que ella le había dicho era un regalo para el. El ya no estaba apurado, no saldría como acostumbraba siempre moviéndose de lugar en lugar, esta vez se detendría a mirar, esta vez quería sentarse a intentar escuchar, la vida era mágica, como no le iba a poder dar la posibilidad de escuchar, soñaba con que un sonido entrara por su oreja.

Al día siguiente Camilo seguía pensando en Mariana, ella no contestaba su carta, el pensaba: ¿Tiene sentido este amor? Se lo pregunto una y mil veces. Pero no sabía que este narrador le tenía preparado un momento, ese momento, el momento que todos esperan…

Dicho momento no podrá ser descrito por el narrador que ustedes esperan, porque yo Camilo ayer pase por la casa del escritor y le robe el cuento, necesitaba mi final, necesitaba escuchar, creo que ustedes también se merecen que yo mismo les cuente mi cuento, como personaje, ya el escritor tendrá la oportunidad de contar lo que el sintió cuando le enseñaron a escuchar.

Llegue a la casa de Mariana el día martes 1 de junio del 2010, después de que ella había leído este cuento, compartimos una taza de café, no me cabe duda que ella noto que yo ahora no era el mismo cantante, noto que yo ahora estaba intentando escuchar.

Luego de este día me cambie de casa, ahora vivo en el hotel Real, cerca de la estación paraíso, en plena avenida paulista, durante todo este mes voy día a día a la casa de Mariana, me cambie para acá para poder estar cerca de ella, cada vez que estamos juntos nos reímos mucho, me he sumado a su show de mimos, en silencio logramos hacer que las personas se sientan como flores, otros nos miran como bichos raros, pero con que un par que sonrían de emoción al vernos a nosotros nos basta, yo me siento pagado y Mariana también.

Lo que mas nos gusta de nuestra rutina es mirar, dedicarnos a observar el mundo sin decir nada, solo mirar, nada mas que mirar. Estar con ella me produce una extraña felicidad, siempre habíamos sido amigos, después de todo a veces la magia de algunas personas la podemos disfrutar solo desde este lugar y para mi esta perfecto. Prefiero que así sea antes que perderla. Así pensaba hasta el día viernes 18 de junio del 2010.

Nunca imagine lo que ese día viernes 18 ocurriría, estábamos en un parque mirando el agua, la puesta de sol, haciendo lo que nos gustaba hacer, mirar, cuando ella me miro, esta vez su mirada era distinta, ya me había mirado así, pero creo que esta vez ella me diría algo importante, me miro un segundo, sonrío y lentamente levanto su mano hasta mi rostro, se acerco lentamente, angelicalmente me beso.

Cerre mis ojos e intente dar el mejor beso que jamás había dado, en ese momento comencé a escuchar unos patos, en ese momento, comencé a escuchar la ciudad, hasta el sonido del agua pude escuchar. ¿Estaré soñando me pregunte? Pero de pronto comencé a escuchar sonidos que salían por la boca de Mariana, pare de besarla, ella me miro molesta, yo me pare, estaba sorprendido, miraba hacia los lados, no podía creer lo que entraba por mis orejas era hermoso… Podía escuchar… Se lo comente a mariana que me largo un largo: mmmmm. Entonces la quede mirando asombrado, me agache y la mire a los ojos…

Que encantador habría sido que Camilo les terminara de contar la historia, pero eso ya no será posible porque yo su querida Mariana he robado el cuento para contarlo desde mi perspectiva, después de todo yo hoy día hablo mejor que el, je je. Ese momento fue mágico, la vida es mágica y vale la pena tanto escucharla como hablarla jaja, pero mejor nos atenemos a los hechos que siempre hablan por si solos.

En ese momento Camilo me miro y me dijo: Por favor dime, por favor dime, que puedes hablar, por mi corta existencia humana en este mundo me dijo, dime algo en este momento, porque no sería justo que la magia no te hubiese llegado a ti. Y entonces en ese momento inexplicablemente pude hablar, así de simple, sin mas, sin menos. Y hoy es un encanto haber improvisado este cuento mirando por mi balcón, sentada en una hamaca, mientras camilo acaricia mis pies y ensaya su próxima canción. Es para mi un encanto haber aprendido a cantar, gracias por su paciencia, un saludo, ya les mandamos la invitación a nuestro matrimonio, ahora tengo que cortar, Camilo me esta mirando con una mirada que ya se que significa, besitos a todos.

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